Cuando se apagó el incendio, las dos muñecas de Cati eran solo dos carbones. La niña lloró durante días, sin consuelo. Eran sus peponas favoritas: dormían con ella, velaban su sueño una a cada lado de la almohada. Las llevaba al colegio y las sentaba a la mesa, como si también tuvieran hambre. Su madre …



