Nací en la fábrica de yute de Cádiz, a mediados del siglo pasado: tres cabos de fibra de pita trenzados con esmero y kilómetros de soga alrededor de flamantes rollos metálicos. Desde el principio supe para qué existía. No había misterio: estaba hecha para sostener y resistir. Lo que no imaginaba entonces era que no …



