Dicen que ronco. Poco agradable descubrir que no solo me crujen las articulaciones cuando me muevo, sino que, cuando estoy dormida, también sueno como una vieja locomotora. Hasta aquí, vale. Pero, por lo visto, también me tienen que repetir más veces (aún) que antes lo que me dicen y, para colmo, se me está endureciendo …



