Mi primera semana confinada en Francia y ya me siento como una astronauta, caminando por una tierra desconocida e inhóspita, presa de la tristeza y el miedo por la distancia y el aislamiento del resto de la especie humana. Salgo a pedalear por las calles mudas con mi casco-escafandra, y parece que hubieran fumigado un …



