La cola del ratón Pérez

Antes de anoche vino a visitarme el ratón Pérez (¡a mi edad!). Se llevó un buen chasco porque en vez de diente se llevó un tornillo con una muela de mentirijilla pegada: sí, se me cayó un implante dental que tenía desde hace exactamente 8 años. Lo recuerdo bien porque me lo pusieron poco antes de mi segunda separación. Me dejó a cambio un poco de alivio y una migaja de esperanza.

Nunca en mi vida había oído a nadie que le pasara algo así con un implante: que lo rechazara al inicio sí, y no pudieran ponérselo; que le diera problemas y con el tiempo tuvieran que quitárselo… pero que se caiga solo, la corona con sus tres centímetros de tornillo adheridos…!!? Como si fuera un diente de leche, vamos. Increíble pero cierto. Y esto trae cola.

Desde que me lo pusieron se movía levemente, pero el dentista no le dio importancia y lo dejé estar porque no me molestaba…. Años después traté de localizar al cirujano que me lo puso (me lo habían recomendado, años de experiencia….) y había cerrado la consulta y desapareció del mapa, así que al médico que le pedí una segunda opinión en una revisión de rutina se quitó el muerto de encima porque decía que no sabía qué tipo de implante era.

Nunca me molestó hasta hace un par de semanas que pasé un resfriado y achaqué la inflamación de la zona a la bajada de defensas. Fui a un nuevo dentista que me dijo que había que extraerlo y hacer un legrado, que la zona estaba inflamada probablemente desde la colocación y había terminado por destruir hueso de la encía. Así que el panorama es: intervención para limpiar, membrana provisional 2 o 3 meses; reimplante de hueso (6 meses) y… luego ya veremos si me pongo otra pieza artificial (implante o puente) o me quedo con mi mella. Ahora mismo no me duele nada, dentro de poco tendré dolorida la boca y el bolsillo.

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Carambolas de la vida

O cómo fijamos la atención en lo que nos interesa y parece que todo aparece por arte de magia. Justo antes de ayer hablé con mi hija mientras me acompañaba al terapeuta (uno de tantos) que está a más de 200 km de mi casa. Estuve reflexionando sobre cómo los focos infecciosos de la boca, aunque no duelan, deben afectar más de lo que pensamos a todo el organismo. Esa misma noche, puse el canal de televisión Netflix después de la cena para relajarme un poco y mira por dónde veo un documental que me llama la atención sobre salud dental.

Se titula Root Cause y me impresionó enormemente. Se centra sobre todo en el impacto de las endodoncias en la salud general del organismo. Parece que médicos de varias especialidades desaconsejan hacerlas. Dicen que cortar la conexión nerviosa de una pieza dental “enferma” con el resto del sistema nervioso del cuerpo es como si se nos enciende la luz roja del coche por falta de aceite y nos limitamos a romper la luz. Por muy bien que se realice, es imposible por lo visto erradicar completamente las agresivas bacterias que infectan los casi 2 kilómetros de microtúbulos dientes3.pngque componen el diente. Así, las toxinas que desprenden estos microbios y pueden llegar al torrente sanguíneo y provocar múltiples enfermedades crónicas, especialmente en personas con sistema inmune debilitado o más proclives por genética o lo que sea.

 

El autor del documental cuenta su experiencia en la que muchos años después de una endodoncia empezó a sentir crisis de pánico, depresión, fatiga crónica, etc.. Recorrió a muchas ramas de la medicina convencional y se adentró en montones de medicinas alternativas sin resultado (casi tantas como llevo recorridas yo). Se sintió durante años cada vez más desvitalizado y desesperanzado. Uno de tantos terapeutas le dijo que el problema partía de una infección dental donde tenía la endodoncia y tras investigar varios meses se acabó extrayendo la pieza y notando una mejoría sorprendente. Después de recuperar completamente su salud dice que se siente impulsado a compartir su historia para concienciar cómo afecta la toxicidad bucal en la salud del organismo. Mas allá de las típicas caries o las infecciones visibles o molestas, hay veces en las que un tratamiento parece que salva una pieza dental al coste de poner riesgo el resto de nuestra salud.

Reflexología dental

Hay disciplinas que estudian la relación directa de cada pieza dental (o parejas) en cada órgano del cuerpo. Desde la odontología bioenergética, la neurofocal, o la electroacupuntura de Voll, son nuevos enfoques de esta concepción de las piezas dentales como parte de un sistema (el cuerpo entero del paciente, con sus órganos, sus emociones….) con el que están estrechamente conectadas.

Hay una conexión energética a través de los meridianos de energía de los que habla la Medicina Tradicional China de manera que cada diente se relaciona con una zona del cuerpo. Estos principios son cada vez tenidos más en cuenta (poquito a poco) por los médicos occidentales, porque la salud de una persona no se puede compartimentar por áreas como hace muchas veces la medicina convencional, perdiendo de vista la interconexión de las partes o el conjunto de la persona enferma. dientes.png

Así, los incisivos por ejemplo están relacionados con el aparato urinario, anal y las suprarrenales; los premolares, con pulmones e intestino grueso; los colmillos, con los ojos, hígado y vesícula; los molares con el pecho y la tiroides; las muelas de juicio con el intestino delgado y el corazón, etc.

Por poner un ejemplo del alcance que podría tener este problema, algunos médicos afirman que más del 95 % de las mujeres con cáncer de mama tienen una endodoncia o una toxicidad dental en el mismo lado de la cara de la mama afectada. Incluso que la mayoría de enfermedades crónicas, especialmente cardiovasculares, del sistema nervioso, tiroideas, etc….parecen que tienen su origen en un padecimiento oral. Y solo atajándolo se puede obtener una resolución definitiva.

La boca tiene una conexión directa con el sistema linfático, que recoge todas las toxinas a través del torrente sanguíneo -el corazón es especialmente sensible a las bacterias bucales- y también se conecta de forma inmediata con el sistema nervioso autónomo: el simpático y parasimpático (excitación-relajación involuntaria) .

Y ahora qué?, de qué me sirve esto?

Claramente me agarro como a un clavo ardiendo a esta posibilidad. Ando últimamente desesperada como el protagonista del documental y supongo que me hago ilusiones en que mi energía, mi confusión mental, mi falta de concentración, mi apatía, mi ansiedad, mi inapetencia…. Disminuirán cuando me saneen la boca. De ilusión también se vive, no sé cuánto ni de qué manera, pero se vive.

Otro clavo al que me agarro es que cuando me reciba el hepatólogo el mes próximo, me cambiará la situación porque averiguará por qué está inflamado mi hígado, (por cierto relacionado con la rabia, igual que los dientes…) podrá hacer algo al respecto y eso mejorará mi estado. Yo me tengo autodiagnosticada una encefalopatía hepática por hepatitis crónica (he estudiado y todo!). Los síntomas también cuadran con lo que me pasa a mí, aunque reconozco que en realidad encajo en casi todo lo que me proponga. En fin, a ver si el oráculo da en la tecla.

Mejoré con el último tratamiento del siquiatra, recuperé la esperanza después de la última crisis, pero no termino de estar bien. Me tranquilizó un poco aceptar por fin la etiqueta de la depresión. Pero ahora parece que no es suficiente, quizá hay algo más? Qué me está diciendo el cuerpo con estos síntomas? Cuanta paciencia más debo tener? ¿y qué es antes, el huevo o la gallina: la depresión me provoca la afección hepática o al revés? En el fondo de mí sé la respuesta, pero…

Hoy estoy cansada y me permito quejarme. Mañana me iré de fin de semana a Granada con unos amigos a distraerme, a pasear mi cansancio y mi desesperanza, y a seguir adelante con la vida, momento a momento.