Nunca soporté que me tocaran, excepto, claro, mi pareja y mis hijos. Un día descubrí los masajes buscando un remedio para mis males del alma, desencantada de las terapias verbales. Me fascinó y me hice masajista. Después de años sin dar masajes he vuelto a tocar la vida con las manos. En mi amplia familia …



